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viernes, 4 de enero de 2013

El Baile


Ella bajaba las escaleras con cuidado para no caerse, mientras él se encontraba en la biblioteca leyendo después de haber estado jugando una partida de ajedrez con un viejo amigo al que había ganado. Cuando ella consiguió bajar las escaleras fue a la biblioteca encontrando a Jude de píe leyendo en una pose muy provocativa.

-                Jude, ¿vamos al baile o qué? – preguntó ella desde el umbral de la puerta.

-                Si querida, vamos al baile – dijo él levantando la vista del libro y mirando a su acompañante – esta noche estás espectacular.

-                Gracias querido – él la cogido de la mano, le dio una vuelta y ella sonrió – vamos que se hace tarde.

Ambos salieron de aquella biblioteca de estilo románico y con muebles antiguos que le daban un aire de autenticidad y de biblioteca antigua. Recorrieron el largo pasillo hasta la puerta principal, donde cogieron ambos una chaqueta para no coger frío. En el coche que él poseía, ella se sentía cómoda, como si aquel coche él lo hubiera comprado para estar con ella cuando en realidad no había sido ese el motivo.

Ella encendió la música y dejó que Frank Sinatra inundara el coche con su voz hasta llegar al edificio donde se celebraría el baile. En cuestión de minutos llegamos a aquella mansión que seguro sería de antes de la Primera Guerra Mundial, era una casa grande bien cuidada, pintada en un color blanco roto, con amplios jardines a ambos lados muy bien cuidados.

Jude me explicó que este tipo de casas las usan casi siempre para fiestas y poco más, ya que son muy grandes como para que una familia viva en ella. Antes de salir del coche, le besé, no habíamos hablado en todo el trayecto y eso no era normal en nosotros. Salí del coche y la inmensidad de aquella casa me sobrecogió.

Jude apareció a mi lado y me cogió del brazo; me llevó a dentro donde un empleado me cogió la chaqueta con amabilidad. Me coloqué bien el pelo y el vestido, no quería parecer una desarrapada ni una loca.

-                Relájate, todo va a salir bien, ya verás – me tranquilizó mientras bajamos las escaleras de mármol que daban a una amplia estancia adornada con unas preciosas y caras lámparas, se que eran caras porque seguramente eran muy antiguas.

-                Hay mucha gente, seguro que me pongo nerviosa y fastidio todo – dijo ella mirando cada detalle que podía observar y a la gente que allí se encontraba. Era gente de clase alta con ropa y joyas caras. Se miró su ropa, no era gran cosa, pero sí que le había costado lo suyo, ya que no ganaba mucho – a disfrutar de la noche.

-                Así me gusta, disfrutemos de esta fiesta – había tantos camareros pasando con canapés y con bebidas, que en una de estas Jude le quitó de una bandeja dos copas de champán, una me la dio a mí y la otra se la quedó él – brindemos por nosotros, por nuestro amor.

Brindaron por el amor que sentían el uno hacía el otro, bebieron un poco del champán cuando fueron interrumpidos por alguien. Un amigo de Jude, porque ella allí no conocía a nadie. Ella se quedó donde estaba mientras él saludaba a su amigo, seguía dándole sorbos a su bebida cuando Jude apareció de nuevo, la cogió del brazo y la arrastró a la pista de baile. Todo el mundo que bailaba estaba bailando un vals y Jude quería bailarlo con ella; así que se colocaron para bailar y se quedaron bailando un rato. Para ella bailar con él era un sueño, un sueño que se había hecho realidad allí mismo en aquella casa.

-                Te quiero – soltó de repente Jude, ella le miró a los ojos y lo único que pudo hacer fue besarle, dejó que el jugueteara con su boca, dejó que Jude le metiera la lengua el tiempo que él quisiera; seguían bailando mientras se besaban – bailar contigo me ha abierto la mente, me he dado cuenta de que te quiero y de que eres la única mujer que me ha visto tal y como soy.

-                Yo también te quiero – comentó ella mientras apoyaba su cabeza en el pecho de él – desde el primer momento supe que te quería, cuando descubrí como eres no le di importancia, seguí queriéndote. Te quise y siempre te querré.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Moraleja


Entre en aquella pequeña biblioteca donde el amor flotaba en el aire como si se tratase del oxigeno que la gente respiraba.

Allí encontré a un joven leyendo un libro que ya había leído un par de veces sentado en un butacón muy atento a la lectura, ya que no prestaba atención a lo que pasaba a su alrededor, pero que de vez en cuando cogía un termo de café y la daba unos cuantos sorbos. Luego vi a una joven sentada en una mesa estudiando pero en vez de estar concentrada miraba como el joven leía.

Me acerque a una estantería y mire los libros sin prestarles mucha atención, quería ver que hacia la joven y también que hacia él.

Cuando llevaba ya un rato allí la joven se levanto con todo desilusionada porque el joven lector no le había hecho caso. Ella haciendo ademan de torpeza se dio contra el butacón donde él estaba sentado y todos los libros le cayeron encima del.

-                Lo siento mucho. Soy muy torpe - ella se disculpaba mientras recogía todo.

-                 No pasa nada, ya había terminado el libro y me iba a levantar. Así que te perdono - sonrió y ayudo a la joven a recoger lo que tenia encima y lo que había caído al suelo.

-                No tienes que ayudarme. Puedo sola - ella no podía estar más nerviosa, el corazón le latía a mil por hora y sus piernas temblaban.

-                Ínsito - dijo él y continúo ayudando  a la joven.

En un momento dado ambos cogieron la misma hoja, se miraron a los ojos y después de unos segundos así el le devolvió la hoja.

Si en aquel momento se hubieran besado habría sido un bonito recuerdo.

Siguieron recogiendo hasta terminar con todo. Ella le dio las gracias y él lo único que hizo fue mirar como la joven se marchaba feliz.

Y el amor que se había notado en el aire cuando había entrado se había marchado con la joven.

Moraleja: Así que el amor no siempre triunfa, no siempre salen las cosas cono uno quiere. Así que ya veis, aunque algo no salga como tú quieres a la primera debes intentar que te salga las veces que haga falta.



viernes, 12 de octubre de 2012

La Clienta


Tenía un turno de tarde que no quería cumplir, estaba cansado, ya que la noche anterior se había quedado hasta tarde estudiando y ahora estaba allí obligado por su jefe atendiendo las diferentes mesas de aquel café en él trabajaba a media jornada los días que su jefe le ponía. Una joven le llamo, era una joven muy guapa, de su edad más o menos, con unos rasgos muy bien definidos y una tez morenita. La joven le pidió un poco de leche caliente y él se la llevo a la mesa si demorarse, vio que se encontraba con un joven, pensó que serian pareja. Pero escucho a ella decirle al joven mejor amigo y eso le gusto, le animo la tarde trabajando.

Cuando vio que ella se levantaba se puso en la barra para poder atenderla. Le dijo que el capuchino se lo regala por ser una joven muy bella, ella le dijo que ni hablar pero el la convenció de que aceptara el regalo. Pensó en que esa no sería la última vez que ambos se verían ya que él había sido amable con ella y por como la veía sabia que ella le invitaría a algo otro día, para estar en paz. A partir de ahí atendió mas contento las mesas y cuando estaba recogiendo donde minutos antes había estado ella, la recordó allí sentada mirando a su mejor amigo y se entristeció al no verla aun allí, pero dejo los pensamientos triste y se alegro por ver a una joven tan guapa en aquel día en el que él no quería haber estado trabajando.

jueves, 4 de octubre de 2012

El Camarero


En aquel café se encontraban hablando del tiempo pasado, de los problemas que ella tenía y de los que el también tenia. Eran los mejores amigos y siempre se contaban todo, nunca tenían secretos y eso les gustaba. Se habían conocido el 1 día de clases cuando eran pequeños y desde que les habían sentado juntos sabían que serian los mejores amigos.

-           Se que te sientes mal porque tu hermana se vaya a casar con el chico que te gusto durante varios años - ella le miro, mientras él le acariciaba la mano - no estés mal, ahora debes pasar página y enamorarte de otro.

-           Decirlo es fácil, hacerlo es difícil.

-          No digas eso, se que tu puedes olvidarlo. Solo tienes que conseguirlo - él le miro a los ojos y le sonrió - animo, yo te ayudare a olvidarlo.

-          Gracias, eres el mejor amigo que se puede tener. Nunca nos podremos separar - aquello hizo que ambos sonrieran - eres a la única persona que le cuento mis intimidades y secretos mas íntimos.

-           Ya veo, como yo a ti - ella le sonrió y él se limito a beber de su café.

-           Cuéntame algo - aquello hizo que él estuviera un rato pensando que no le había contado todavía. No encontró nada al cabo de un rato - no pasa nada.

-          ¿Qué tal el Señor Bigotes?

-          De maravilla, esta resplandeciente y eso que ya tiene sus años - ella tomo un poco de su capuchino y lo noto un poco frio. Así que llamo al camarero, le pidió medio atontada; por aquel joven de tez rosada, unos rasgos faciales que le hacían una cara bonita y unos ojos de un verde intenso de largas pestañas; un poco de leche caliente y cuando se lo trajo ella no sabía cómo reaccionar. Su mejor amigo se quedo mirando el comportamiento de ella.

-          ¿Qué ha pasado? - ella se limito a decir nada, pero sabía que él no se lo creería.

-           Se que ha sucedido algo y quiero saberlo ahora.

-          Que no he visto a alguien tan guapo como él en la vida real, me he quedado atontada y no sé muy bien porque - ella se sonrojo, miro a la barra y allí estaba el camarero sirviendo en las bandejas que luego llevaría a las mesas. El miro a su amiga y le dijo que bien, que le parecía guapo era mejor que pensar en su futuro cuñado - gracias.

Estuvieron hablando un rato hasta que decidieron marcharse, discutieron a ver quien pagaba y al final cada uno decido pagar lo suyo.

-          Para las jovencitas tan guapas como tu el café es gratis - ella le dijo que no hacía falta, pero el guapo camarero insistió, que quería regalarle el capuchino.
Gracias, eres muy amable - ella le sonrió, estaba feliz, el joven camarero se había fijado en ella y eso era buena señal o eso le dijo su mejor cuando salieron de aquel café. Ella le dijo que la gente puede ser amable sin tener que enamorarse o sentir algo hacia la otra persona. Pero su mejor amigo dejo caer las intenciones del simpático camarero.

martes, 2 de octubre de 2012

Las Lágrimas


Ella se encontraba agotada esperando con una maleta en mano en las vías abandonadas a su razón de ser, a esa persona que no le iba abandonar nunca.

Miro la hora, se retrasaba y eso no era propio de él. Dijo que como en 10 minutos no apareciera, le llamaría y le cantaría las cuarenta.

Al cabo de un rato miro el reloj y aun no había pasado más de 4 minutos, el tiempo se cachondeaba de ella.

Cuando por fin pasaron los 10 minutos le llamo varias veces, ya que no recibía respuesta.

No podía haberle pasado nada malo, si le ha pasado algo malo a él, ella no se lo perdonaría.

Se sentó en el borde de las vías ya en desuso y espero a ver si llegaba, espero a ver si aparecía para que dejara de llorar.

-           ¿Me extrañabas? - ella se levanto y le abrazo, estaba feliz de tenerle allí

-           Pensé que te había pasado algo, ya que no me contestas al móvil - ella le reprocho y luego le beso.

-          Lo siento, el autobús tuvo un pinchazo y tuvimos que esperar a que llegara otro. Pero lo importante es que ya estoy aquí.

-          Claro, lo que importa es tenerte a mi lado. Te extrañe - ella se seco las lagrimas mientras él le cogía la maleta.

-           Pues ahora no tienes por qué extrañarme, lo prometido es deuda a por él picnic - el sonrió y ella le siguió. Que el llevara la maleta no le gustaba, llevaba hay un regalo para el por los dos años de relación.

-          Aquí es - ella dijo abriendo la maleta lejos de él para que no viera el regalo, cogió el mantel y lo puso; luego saco los utensilios de cocina, los platos y los vasos. El saco de su mochila la comida y la bebida, después de tener cada uno coca cola en su vasos brindaron - Brindo por nosotros, para que estemos juntos siempre.

-          Eso espero yo, estar a tu lado es un privilegio. Nunca te cambiare por nadie.

Pero al cabo de 1 año, ella volvió con la maleta en mano (esta vez vacía), lloro porque sabía que él no volviera, que ya nadie llenaría el vacio que él le había producido, el tonto y capullo que un año atrás le había dicho que estar a su lado era un privilegio y que nunca la iba a cambiar por nadie. Esas palabras le sacaban de sus casillas, el había dicho aquello y a los 2 meses salía con otra a escondidas.

Sus lagrimas seguían brotando y eso que desde que lo había dejado habían pasado ya 8 meses, pero lo peor de todo era que estaba allí por si el aparecía arrepentido y volvían como pareja.

Pero nadie apareció porque ella sabía que él seguía con la roba novios. Se encontraba aun llorando y cada vez las lágrimas eran mayores. Lagrimas llena de tristeza y dolor.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Una Noche Mágica


Se habían conocido en una fiesta tiempo atrás, había  compartido muchas cosas juntos. Pero esa noche iba a ser especial se miraron a los diciéndose todo. Sabían que esa noche la iban a recordar toda su vida, que sería una noche que ninguno de los quería que terminara,… En definitiva, iba a ser mágica y muy romántica.

Se besaron cuando supieron que debían hacerlo, se besaron en las escaleras, porque no les importaba que la gente les vieran, al contrario, querían que la gente supiera que se amaban de una manera muy especial y romántica.

Subieron por las escaleras corriendo al piso de él, se desnudaron y lo hicieron besándose mientras el sol se ponía a sus espaldas y sabían que se ponía porque el sol estaba bajo y pegaba fuete en la espalda de él; ya que era él el que estaba encima besándola.

Cuando terminaron, él se quedó acostado boca arriba mirándola y ella se acostó boca abajo mirándole. Se miraron tiernamente, de una manera que nunca habían hecho antes. Se querrían demasiado por todo lo que habían pasado juntos y aún les quedaba mucho por vivir juntos.

Las Rosas y El Olor


Se encontraba esperándole con un vestido rojo oscuro largo y con volantes en la barandilla de las escaleras de metal que su edificio tenía en la parte trasera.

No le veía venir y eso le preocupaba. Mientras tanto, él corría todo lo rápido que podía con unas rosas en una de sus manos para entregárselas a su chica, sorteaba los coches parados y los que esperaban en el semáforo, ya que necesitaba llegar cuanto antes, porque quería volver a verla para volver a verla para contemplar cada milímetro de su rosto y sobre todo oler el aroma que desprendía. Ese olor fresco y que tanto le gustaba.

Él llegó a las escaleras, saltó hacia ellas y empezó a trepar hasta llegar a un sitio donde podía correr. Subía a toda prisa los escalones que le separaban de ella, mientras tanto ella se impacientaba, ya que se había puesto así de elegante solo por él. Cuando le vio con las rosas en la mano, le sonrió cariñosamente, con una sonrisa picarona.

Cuando ella tuvo las rosas, primero se miraron y acto seguido se abrazaron en un cálido y tierno abrazo, en el cual pudo olerle el perfume que tanto le gustaba. Se abrazaron durante un largo tiempo, un abrazo sincero y claro, hasta que él se tuvo que marchar.

Él se marchó dejándola a ella en la barandilla de metal mirando como él se marchaba escaleras abajo. Ella sintió tristeza de no tenerlo aún entre sus brazos; pero aún le quedaban las rosas que con anterioridad él le había regalado.

Intentó no llorar, pero lloró, no podía remediarlo, le quería demasiado y él lo sabía. Él caminaba por las calles mientras pensaba volver a verlo, pero no podía; porque tenía otras cosas importantes que hacer; pero no le importaban tanto como ella, así que dio marcha atrás y repitió lo de antes menos el entregarle las rosas. Cuando ella lo vio dejó de llorar y se volvieron abrazar, en un abrazo lleno de sentimientos positivos.

Las Rosas, El Beso y El Amor


Ella se encontraba buscando en su armario algo que ponerse mientras sujetaba con una de sus manos el vestido que tenía puesto y estaba desabrochado. Como no encontró nada que le llamara la atención, se abrochó el vestido que llevaba puesto y que le hacía una figura elegante.

Llamaron a la puerta y le entregaron un ramo de rosas blancas con tonos rosáceos. Se acostó un momento en el sofá para poder contemplarlas y  olerlas. Sabía que eran de él, aunque no hubiera ninguna nota, ya que él siempre era tan romántico. Y también lo sabía porque él era el único que sabía que esas eran sus flores favoritas.

Salió de su casa rumbo a la de él. Le encontró en las escaleras que daban a la entrada y llevaba un traje que le quedaba perfecto y con una pajarita. Ella se acercó a él, se quedó contemplando a escasos centímetros de sus labios, después de un rato, se besaron. 

En un cálido y profundo beso, un beso tan perfecto que ninguno quería que acabara, pero debía terminar porque si no se iban a quedar sin oxígeno. Le quitó la pajarita y corrió por las escaleras con ella en la mano y él la siguió hasta llegar dentro. Donde se perdieron por la inmensidad de aquella casa.

Ella se acotó en una  cama que había en el centro de una inmensa habitación. Él se acotó a su lado sin la chaqueta del traje, primero miró para su derecha y ella hizo lo mismo, para verle. Acto seguido los 2 se miraron para contemplar la belleza del otro y para recordar cada milímetro de la cara del otro.

Al final ella se canso de estar en la misma posición que se encontraba que se colocó en donde se suelen ponen lo pies y él se apoyó en su pecho, para poder oír el latido de su corazón y para contemplarla mientras ella contemplaba uno de los retratos que él tenía de ella en aquella inmensa habitación.

Cada uno se enamoraba de una manera, ella le quería por lo romántico, lo guapo y lo pasional que él era; y él la quería por lo guapa, lo divertida y cariñosa que ella era. Eran una pareja perfecta, una pareja que nunca se rompería, a menos que uno de los 2 le pasara algo malo.

El amor que se podía notar en aquella habitación era fuerte, un amor apasionado y lleno de sentimientos positivos.

El Chico de Ojos Azules


Sus ojos de ese azul como el mar intensos, grandes y con pestañas grandes y alargadas le provocaban una mirada llena de pasión y amor. Sus labios carnosos  te gritaban para que te acercaras a ellos y los besaras. Su cabello corto, negro, liso y suave que le daba un toque más juvenil. Su forma elegante de vestir notaba que procedía de una familia con dinero, bien económicamente. Claramente se podía ver a un chico perfecto sin ningún defecto a la vista, salvo que estaba enamorado de una chica que jugaba con sus sentimientos  peor que el resto de mujeres que le rodeaban y que suspiraban por estar con él, aunque fuera solo una noche para sentir lo que otras sintieron con anterioridad.

Y allí se encontraba el chico de ojos azules, mirando a la chica de la que estaba enamorado. Esa chica. Esa chica rubia que solía llevar siempre en la cabeza un gorro, esa chica por la que llevaba meses suspirando y la cual no se podía quitar de la cabeza.

Ahora la tenía a su lado, ella con los ojos cerrados pensaba en la suerte que tenía de tenerle a él a su lado; lo que habían dado muchas chicas  por ser ella en ese preciso momento. Así que dejó que él la oliera y que la analizara.

Él la miro como si mirara a alguien por última vez, porque aunque sabía que la iba a ver más veces, le gustaba pensar que esa podía ser la última vez y para eso la contemplaba así.  Ella tenía una suerte de tenerle a su lado, porque así sería más fácil decirle lo que siente por él.

Pero cuando ella abrió los ojos, él ya no estaba, se había ido; ¿Pero a donde? Él se encontraba sentado en el asiento del medio de la parte de atrás de aquel coche negro que estaba aparcado en la acera. Se encontraba mirando al frente. Ella se subió para estar a su lado, concretamente en el izquierdo, se apoyó en él y cerró los ojos.

Él la contempló durante un segundo dormir plácidamente en su cuello, mientras el coche se movía por las calles de la ciudad en esa mágica noche iluminada por las estrellas y las farolas.

Ella estaba muy guapa durmiendo tan plácidamente y él era un romántico y estaba tan enamorado que le besó en la frente con cuidado de no despertarla.

Cuando ella abrió los ojos, pudo contemplar los ojos azules que le acompañaban en ese coche  mirándola; se ruborizó un poco y sin darse cuenta se estaban besando  en aquel coche y en aquella mágica noche de primavera.